Trabajo y placer: venta de contenido sexual en redes sociales

Trabajo y placer: venta de contenido sexual en redes sociales

 

Hablar de sexo permite conocer -de cierta forma- cómo las personas ven la vida, cómo la respetan, cómo la disfrutan. A continuación, se muestran tres historias de jóvenes que venden contenido sexual en redes sociales y aunque sus motivaciones y experiencias son diversas, también se encuentran similitudes las que, a pesar de los beneficios inmediatos, en un punto tienen un costo emocional.

 

Por Anaís Leyton Villarroel

 

 

 

 

 

Pablo:

“La vida es mía y hago lo que quiero porque no estoy dañando a nadie’’

Pablo vive en un departamento con un living amplio y mucha iluminación. Sus sillones y paredes tienen colores claros y la luz que entra por la ventana hace que la habitación se ilumine aún más, llegando directo a una de las paredes donde reposan fotos de él desnudo tapándose con un cojín. En otra pared hay tres cuadros, uno con un cerebro, otro un corazón y el otro dice ‘’marika’’.

Pablo vende contenido sexual hace cuatro años, entre risas reconoce que fue por egocentrismo y que el surgimiento de las historias de mejores amigos en Instagram lo impulsaron a él y a su expareja a subir fotos y vídeos que tenían juntos, solo por diversión y porque les gustaba recibir halagos. Después de problemas de censura en la plataforma se pasaron a Twitter, donde no existe censura al desnudo.

Tiempo después se plantearon que, en vez de regalar el contenido, podrían venderlo. Pablo comenta que creaban una gama diversa de contenido: algunos fetiches, distintas poses, disfraces, juguetes, “mientras existiera placer el contenido nacía de forma natural”, exclama.

Toda su familia y el grupo de amistades saben que él vende contenido. ‘’Si tuvieran algún prejuicio no me importa, la vida es mía y hago lo que quiero porque no estoy dañando a nadie’’, dice enfáticamente después de enderezarse en el sillón. ‘’No tengo pudor, es un cuerpo humano como cualquier otro; solo les digo que si no quieren verme desnudo no me busquen en internet’’.

 

Juntando dos mundos: placer y profesionalismo

Pablo: ‘’es un hobbie, no algo para vivir’’.

Posterior al quiebre de su relación estuvo pasando por momentos tristes que bajaron su libido, por ende, no tenía ganas de hacer contenido. Se mantuvo sin publicar y hace poco retomó por la aplicación de citas Grindr.

Pablo estudió Marketing y eso le ayudó a saber cómo cobrar y qué tipo de contenido hacer. En su momento hizo un estudio de mercado para saber dónde apuntar con el contenido que ofrecía, sin embargo, esto para él ‘’es un hobbie, no algo para vivir’’.

Cuando comenzó a vender contenido cobraba $5.000 por un pack de vídeos de 2 o 3 minutos y muchas fotos. ‘’Nunca vi esto como ´es mi cuerpo, estoy vendiendo, tengo que cobrar más´, lo vi desde otro punto de vista; era contenido que hacía gratis y que no me cuesta mucho, así que para qué voy a cobrar más caro”.

Asegura que en general ‘’acceder al porno es muy fácil, porque es barato y accesible para todo el mundo’’. Lo que a él le gusta es lo casero, ‘’lo que sea pauteado o muy profesional no me gusta, prefiero que sea mas natural’’.

 

 

 

Toda su familia y el grupo de amistades saben que él vende contenido. ‘’Si tuvieran algún prejuicio no me importa, la vida es mía y hago lo que quiero porque no estoy dañando a nadie’’, dice enfáticamente después de enderezarse en el sillón. ‘’No tengo pudor, es un cuerpo humano como cualquier otro; solo les digo que si no quieren verme desnudo no me busquen en internet’’.

 

 

El famoso OnlyFans

La fama de la plataforma OnlyFans hizo que Pablo abra una cuenta, lo que para él significaba ‘’subirle un pelo a la situación’’, pero dice que WhatsApp o Twitter permiten transar dinero de manera más directa, porque OnlyFans se vuelve muy engorroso al momento de sacar dinero.

Antes de terminar concluye con un consejo: ‘’vender contenido es una herramienta súper accesible y lo recomiendo completamente, siempre y cuando estén preparados mentalmente’’.

 

DANNY:

No se me daba nada de trabajo, así que me lancé al mundo”

Danny es un hombre trans, estudiante de Recursos Humanos en la Universidad de Santiago de Chile, USACH, vendedor de contenido y trabajador sexual.

Lo primero que me muestra es su pieza, lugar donde hace contenido. Es un espacio bastante sobrio, con una cama de plaza y media con sábanas blancas y un cobertor negro, las paredes estaban pintadas de blanco, al igual que las cortinas y había un closet pegado a la pared. Todo esto se transforma cuando toca grabar: cubre con cortinas negras todas las paredes, correas y cadenas invaden el espacio.

Durante la pandemia, en el 2020, comenzó a vender contenido para poder generar unas lucas extras, sobre todo porque con cuarentenas nadie podía salir a trabajar. Cuando el encierro disminuyó dejó de lado la venta y en verano de este año retomó y aparte tomó la decisión de realizar encuentros sexuales, ‘’no se me daba nada de trabajo, así que me lancé al mundo básicamente’’.

 

Danny: “…a inicio de mes me pongo una meta en lucas para cubrir ciertos gastos y nada más’’.

 

Cuando empezó con la venta como tal le costó saber cuánto cobrar, ‘’antes cobraba muy poco, no sabía bien cómo mostrarme tampoco, entonces un vídeo de 5 minutos lo cobraba en $5.000’’. Con el paso del tiempo su experiencia aumentó y – según sus palabras – ahora lo que hace es semi profesional; lleva mucho más tiempo de preparación y edición así que el cobro es más alto.

En la actualidad, entre la venta y los encuentros puede ganar $400.000 en un mes, considerando que de la venta saca $100.000 y de los encuentros el resto. ‘’Para mí es como un trabajo part time. Tengo mucha carga académica y aparte tampoco me gusta mucho hacer encuentros, entonces a inicio de mes me pongo una meta en lucas para cubrir ciertos gastos y nada más’’.

Dentro del porno existe una amplia diversidad de clientes, y por ende, de contenido.  Al principio Danny hacía contenido según cosas que él pensaba que podían gustar, pero con el tiempo fue cambiando. Ahora mantiene una onda BDSM (Bondage, Disciplina, Sumisión y Masoquismo). En la mayoría de los videos está con un arnés al cuello, aunque de vez en cuando -o cuando necesita más lucas- publica que está haciendo contenido a pedido, ‘’la gente tiene hartos fetiches entonces piden hacer cosas distintas y obvio esto siempre es un cobro mayor’’.

 

 

Dice que le gustaría visitar a un profesional de la salud mental, pero cree que un especialista no sabrá resolver problemáticas relacionas con su trabajo. Él sabe que puede contarle a su pareja y amigos los problemas que tenga, pero ‘’nadie va a llegar a entender el peso que se puede dar en esos momentos.

 

 

Familia y trabajo ‘’formal’’

Sus clientes son personas que rondan desde los 18 a los 55 años y al contrario de lo que se suele asumir son los más jóvenes quienes le piden hacer encuentros, donde se genera una lógica distinta entre cliente y trabajador sexual.

Como la organización es por Instagram, Danny dice que tiene mayor control de quienes lo contactan: revisa sus perfiles y él decide si hacer o no un encuentro. Entre risas me dice que evita a toda costa responder a personas que sabe o ve que son de su ciudad natal, porque ahí todos se conocen y eso podría llevar a que su familia se entere.

Para evitar una exposición completa en los primeros vídeos que grababa no mostraba su rostro, en parte para evitar que su familia supiera y en otra por lo que estudia, ‘’en algún momento cuando salga a ese mundo laboral lo más probable es que me busquen’’. Sobre su familia el principal miedo a que supieran radica en una situación de abuso sexual que vivió cuando más pequeño. Comenta que siempre estuvieron pendientes de lo que hacía, por ende ‘’el que trabaje de esto ahora puede hacer que todos se escandalicen’’, asegura.

Piensa unos segundos y me confirma que solo sabe su hermano. ‘’Él sabía que yo subía cosas a Instagram, pero igual a veces le ocultaba las historias, hasta que decidí contarle, no me dijo nada y tampoco hizo juicios, así que está bien’’.

Cuándo conversa sobre la forma en que trabaja, reflexiona respecto a la dinámica que se da entre ser trabajador sexual por Instagram y estar en la calle, Danny piensa que la diferencia es abismal y el hecho de organizar sus negocios por esta plataforma ayuda a no correr ciertos riesgos a los que se exponen quienes trabajan desde la calle, “con les que hago encuentros primero conversamos, nos tomamos algo y ahí recién vamos a un motel, no es algo que pase de la nada. Creo mucho en el coqueteo previo, sino es difícil que se dé’’.

La comunicación es primordial en el sexo, sobre todo cuando es un trabajo. Los contactos que él organiza son previamente hablados según los gustos de ambos y si él siente que no puede hacer algo porque no le gusta o piensa que no va a resultar bien, lo dice, así evita malos ratos para él y el cliente.

 

Salud mental

‘’Si encontrara otro trabajo los encuentros los dejaría de lado, porque tampoco es lindo hacerse los exámenes tan seguido’’, comenta Danny.  Al igual que Pablo, él también pone de manifiesto el tema de salud mental:  “…se ve afectada, a veces los encuentros son una carga porque cuando llega el día la libido está muy baja, solo puedo decir: chuta, tengo que prenderme y trabajar’’.

Cuando Danny habla de esto se pone serio y pensativo. Dice que le gustaría visitar a un profesional de la salud mental, pero cree que un especialista no sabrá resolver problemáticas relacionas con su trabajo. Él sabe que puede contarle a su pareja y amigos los problemas que tenga, pero ‘’nadie va a llegar a entender el peso que se puede dar en esos momentos’’.

Cuando tiene que trabajar entra un personaje, su actitud y hasta su voz cambian de inmediato, ‘’en parte es como ser actor’’, dice. Una sonrisa vuelve a aparecer en su rostro, ‘’creo que ese personaje siempre lo tuve, solo que con los años se comenzó a desarrollar más’’.

Con la idea del personaje que muestra cuando vende o realiza encuentros, consulté por el pronombre que sus clientes le llaman, ya que él sigue haciendo su contenido con elementos feminizados, como faldas y sostenes. ‘’Me da lo mismo si refieren como él o ella, al final ellos no estarán en mi vida ni privacidad, asi que no me importa tanto’’.

Danny reflexiona sobre el trabajo sexual y la venta de contenido en redes sociales: ‘’La mayoría de las personas lo hace por una necesidad. Yo no creo que el vender me quite empoderamiento, porque al final yo estoy decidiendo si hago esto o no. Creo que si se puede lucrar con esto está bien y si alguien solo lo quiere hacer por gusto también está bien’’.

 

ELIOT:

“A la gente le llama más la atención lo que proviene de alguien igual que ellos”

Eliot en realidad no se llama así, pero pidió proteger su identidad. Tiene 27 años y vive en el centro de Santiago. Es diseñador gráfico, músico y vendedor en terreno. Su arte apunta al desarrollo audiovisual, videoclips y dirección artística – de su música y quienes lo contratan -.

A diferencia de Pablo y Danny, lleva dos meses vendiendo contenido. Empezó por necesidad de lucas extras y porque le gustaba, ‘‘sentía que me veía bien y que era algo que podía hacer’’. Al contrario de las historias anteriores él solo usa OnlyFans para vender su contenido, pese a que se promociona por Twitter. Usa un seudónimo y no muestra su cara, ‘’este trabajo es algo muy extra, para nada es mi principal fuente de ingresos’’.

A Eliot le complica que su rostro se vea porque no quiere que exista una dualidad entre su carrera de artista y la venta de contenido. ‘’A veces se ve mi cara 2 segundos y digo ya, no importa, pero trato de que no. Al principio no quería que supiera mi familia y después me dio un poco lo mismo, pero lo evito porque no quiero que mi música y esto se mezclen’’.

 

Eliot: “Siendo hombre es super difícil que te vaya bien haciéndolo solo, en general público le gusta verte con alguien…”

Contenido

El contenido es casero, grabado con su celular. A pesar de saber diseño y tener los implementos para grabar ‘’a la gente le llama más la atención lo que proviene de alguien igual que ellos, por algo le compran a gente real, sino vas a una página porno y ves una producción gringa’’.

Y siguiendo la lógica de escapar de la industria del porno como tal, Eliot prefiere hacer contenido diverso. ‘’Hay de todo, explícito y erótico. Hay tríos, gente cis, gente trans y contenido bisexual. No sigo mucho la norma de la pornografía’’. Establece que con el porno no es necesario invertir en una productora ya que la misma diversidad hace que exista público para todo. “Así que me gusta esto, que sea más real’’.

Él solo trabaja con OnlyFans y la dinámica de la venta es distinta a otras que se generan por otras redes, como Instagram o WhatsApp, donde se hace un cambio inmediato del dinero y el contenido. Sin embargo, en la plataforma web hay plazos y limites en cuánto al monto que debes tener para poder sacar dinero y el tiempo que se demoran en ‘’soltarlo’’ para que lo puedas retirar. ‘’Yo tengo que esperar veintiún días desde que alguien se suscribe para poder sacar el dinero; aparte hay dos saldos, uno que es el dinero disponible para sacar y otro donde está el dinero que tienes, pero que aun no está liberado’’, explica.

 

 

 

‘’a la gente le llama más la atención lo que proviene de alguien igual que ellos, por algo le compran a gente real, sino vas a una página porno y ves una producción gringa’’.

 

 

Complicaciones en el camino

La mayor dificultad que se le ha presentado haciendo contenido es que cree que sí o sí debe tener a alguien más para generar el material. ‘’Siendo hombre es super difícil que te vaya bien haciéndolo solo, en general público le gusta verte con alguien, por la lógica del porno el hombre solo es un pene, una chica puede mostrar mucho más’’.

De todas formas, asegura que podría intentar hacer contenido solo, ya que ha escuchado que podría tener hartos suscriptores gays, aunque en la actualidad piense que la mayoría de sus suscriptores son hetero: “en general si sigues a un sujeto lo ves con distintas mujeres grabando, pero si sigues a una chica solo la ves a ella, no hay más mujeres. Bajo esta lógica les conviene seguir a un hombre que tendrá más diversidad para ver que a una sola chica’’.

Concluye enfatizando en que ‘’cualquiera puede vender contenido. Esto generó un espacio para escapar del mundo del porno que es muy superficial y una opción a que quienes hacen contenido puedan conocerse y sentirse mejor con ellos mismos. Aparte aportas monetariamente a alguien que es igual que tú, que tiene que pagar arriendo o comprarle comida a su gato’’.

Hablar de sexo permite conocer de alguna u otra forma cómo es que las personas ven la vida, cómo la respetan, cómo la disfrutan y aunque las motivaciones para vender contenido sean tan diversas en los tres, sus experiencias presentan similitudes.

Pablo, Danny y Eliot hacen contenido explícito y también comparten la creación del contenido con otras personas. La venta del contenido significa muchas cosas en sus vidas: un ingreso extra, la constante subida al ego, el descubrimiento de la propia sexualidad y el despertar de nuevos costos emocionales. Sus diferencias radican en las razones que los llevaron a vender contenido, para uno es hobbie, puro placer, para otro, el ingreso más directo de dinero y para el tercero una combinación de ambas situaciones.

Los tres son personas completamente diferentes, tienen edades, ocupaciones y realidades que no parecen semejarse, pero aun así coinciden en que seguir consumiendo porno tradicional perpetua estereotipos dentro del sexo y continua con la hegemonía de los cuerpos, entendiendo a su vez que el hecho de vender contenido erótico y/o sexual -escapando de la industria- abre una puerta a aceptar las diferencias y la diversidad de cuerpos que existen en el mundo.

 

Edición: Ignacio Paz Palma.

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