Estigmatización en la era de la movilidad humana – Cap. 3

Estigmatización en la era de la movilidad humana – Cap. 3

Percepciones y discriminación en el nuevo territorio

 

Como establecen los expertos partícipes en este reportaje, el tratamiento noticioso que los medios de comunicación hacen de la migración un trampolín para el aumento de la sensación de inseguridad, tras publicar y visibilizar un alto porcentaje de contenido sobre delitos. Según los resultados de la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (ENUSC) del 2022, publicada el 2023, en la última década la percepción de las personas sobre el aumento de la delincuencia en el país creció llegando al 90,6%.

Otro dato importante, del artículo “Sensación de inseguridad y salud mental”, publicado el 2023 por El Mostrador, es que según la investigación del termómetro de salud mental realizado por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y la Universidad Católica, las personas reportan mayor estrés al pensar en ser víctimas de delincuencia.

 

Por: Javier Ignacio Castillo Messenger, Lorena Isabel Moraga Rojas, Marlene Alexandra Salgado Montecinos.

Dirección y edición: Ignacio Paz Palma.

 

Sobre este punto, la socióloga Isabel Bravo, enfatiza que los medios de comunicación provocan percepciones discriminatorias y equívocas hacia los ciudadanos extranjeros, debido a que, en múltiples ocasiones, relacionan el desplazamiento forzado con temas delictuales: “es por eso que el ciudadano cree que la seguridad tiene que ver con temas de migración”.

Nicolás Torrealba concuerda con la politóloga. Considera que, debido a este tratamiento por parte de los medios, la percepción que tiene la ciudadanía hacia la población migrante ha empeorado. También enfatiza que a esto hay que sumarle “el aprovechamiento político, donde hay un discurso xenófobo y facilista al echarle la culpa a los migrantes”.

¿Qué piensan los ciudadanos sobre la migración? ¿Las sensaciones y percepciones negativas ponen en riesgo los derechos humanos de los migrantes?

Según Stephanie Rabi, periodista de ACNUR, es normal que las personas generen prejuicios, ya que existen los sesgos culturales de crianza. Sin embargo, es importante destacar que el hecho que los estigmas estén normalizados no significa que sea bueno tenerlos, debido a que es una tendencia dañina para las personas que están siendo discriminadas, afectando significativa y negativamente en sus emociones.

“No me parece que Chile sea un país de prejuicios, sino que las personas nos configuramos a través de ciertas concepciones culturales, educacionales, de estatus, socioeconómicos, etc. Los seres humanos vemos a los otros con ciertas capas”, agrega la representante de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados.

A esto hay que sumarle que gran parte de los migrantes vienen a buscar oportunidades y mejorar su calidad de vida, muchas veces, sin una red de apoyo. Estas se encuentran viviendo solas en otro país con una cultura, leyes, idioma y costumbres diferentes.

Es el caso de Stefanny Segura, una joven de 29 años proveniente de Bogotá que lleva alrededor de dos años y medio viviendo en Chile como profesional en negocios internacionales. Debido a las problemáticas económicas que ocurrían en Colombia, decidió migrar para buscar mejores oportunidades.

Para ella, lo más difícil de esta decisión ha sido la soledad y el hecho de sobrevivir por sí misma en un ambiente completamente distinto sin ninguna red de apoyo: “me ha tocado ser esa persona que se auto motiva. Estando lejos, se está sola contra el mundo (…) cuando uno está en su país y te ocurre algún problema, puedes regresar con tu familia, acá no es tan fácil”.

La politóloga Yinibia Castillo explica que los estigmas, discriminación, soledad y adaptación, afectan severamente la salud de los ciudadanos extranjeros y que no existen espacios para ayudarlos: “cuando las personas acaban de migrar, hay muchos temas de salud mental y dolores que se necesitan hablar y ventilar, es difícil porque no se encuentran los espacios”.

Personas como Stefanny Segura no solo tienen que rehacer su vida en un país diferente, sino que también deben adaptarse a una nueva cultura, generar ingresos, estar expuestas a sentir soledad, e incluso en algunos casos, tienen que mantener a sus familias. A todo esto, hay que sumarle que tienen que lidiar con los estigmas y discriminación que tiene la población hacia ellos.

La ciudadana colombiana ha sentido el rechazo de la gente a causa de su nacionalidad. Segura expresa que “cuando la gente escucha otro acento, te empiezan a mirar un poco raro”.

Esta situación, según la politóloga, se debe a que los chilenos tienen la percepción de que los extranjeros son ruidosos y “contestones”, lo que le preocupa en gran medida, ya que por estas narrativas se generan muchos enfrentamientos que impactan en la vida cotidiana de los migrantes.

Además, agrega que cuando se normalizan o masifican estás conductas discriminatorias, algunos de los ciudadanos comienzan a reprimirse e intentan pasar desapercibidos: “¿Qué pasa con las personas migrantes? Muchos no hablan porque hay un entendimiento de que esto es una casa ajena, entonces no hay mucho que decir, no hay que levantar las voces, no hay que hacer ruido, hay que pasar piola.”

Por todo esto, es importante reflexionar sobre los estereotipos que existen en la sociedad, cultura y medios de comunicación, que las personas replican. También, es necesario generar espacios para que los ciudadanos, en este caso chilenos, conozcan a las personas más allá de su nacionalidad.

Esto lo enfatiza Stefanie Rabi, indicando que “hay que bajar las barreras del prejuicio y valorar a las personas de manera individual, no a través de una comunidad. Cada persona no es representante de una nacionalidad, sino que se representa por sí misma”.

Según Yinibia Castillo, si no se tienen en cuenta las historias de vida de las personas, estas pierden sus narrativas identitarias. Esto quiere decir, que extravían el conjunto de rasgos propios de un individuo que los caracterizan frente a los demás: “la identidad no es una cosa fija, no es una esencialidad, es una narración que la persona se va haciendo sobre su vida, que permite darle sentido a su historia”.

Se desconocen las historias que existen detrás de cada ciudadano migrante en Chile. Como se mencionó anteriormente, el interés de los medios de comunicación se encuentra en relacionar los hechos delictuales con la migración, porque genera más rating. Es por esto, que no visibilizan los aportes que realizan los ciudadanos extranjeros o no cuentan sus historias de vida, ya que no es “popular” o aceptado por la sociedad.

Este hecho genera que gran parte de la ciudadanía los vea como delincuentes, criminales, personas ilegales y no por lo que son: ciudadanos con historias de vida, sentimientos y emociones, los cuales solo están ejerciendo el derecho humano de migrar. Por esto, la representante de ACNUR enfatiza: “el llamado es a mirar a las personas por su historia, por la forma en la que son y darnos el tiempo de conocer”.

Un claro ejemplo es el caso de Ricardo Ortega, ciudadano venezolano quien tuvo que cruzar gran parte del territorio sudamericano para asentarse en Chile. Él indica que no se debe juzgar a las personas por su aspecto, mencionando que “primero piensen en lo que van a decir y conozcan a la persona antes de juzgar”.

 

La historia de Ricardo Ortega

 

Ricardo José Ortega Díaz, es un joven venezolano de 28 años que llegó a Chile hace un año y medio. Actualmente trabaja como panadero en la comuna de Quilpué, región de Valparaíso. Para lograr este sueño, tuvo que vivir múltiples adversidades cruzando las diferentes fronteras de Sudamérica, dejando su zona de confort, a su familia y su país.

Si bien él no tenía planificado ninguno de estos viajes y destinos, la situación de Venezuela le hizo cuestionarse y reflexionar sobre las oportunidades que tenía en ese momento, y las que quería para su futuro. Finalmente, decidió llenarse de valor e ir a buscar una mejor calidad de vida a otro país.

De esta forma, su primer destino fue Colombia, donde vivió más de cuatro años. Al llegar a Bogotá, trabajó de manera independiente los primeros tres meses, hasta que conoció a un señor colombiano que era administrador de un conjunto residencial, quien le ofreció trabajo como portero, el cual Ricardo aceptó.

Durante ese tiempo, intentó estabilizarse económicamente. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, su salario no lograba darle abasto. A esto se le sumaba que se encontraba solo en un país ajeno.

A pesar de su situación, se mantuvo en Colombia porque estaba relativamente cerca de la ciudad de Maracaibo donde vivían sus amistades y su familia, lo que le daba más posibilidades de viajar o devolverse a su país, ya que desde Bogotá a su ciudad de origen es casi un día de viaje, cruzando alrededor de 990 kilómetros.

 

 

De esta manera, Ricardo, junto con su amigo, la esposa y la niña de tres años, lograron ingresar a Chile. Ortega recuerda que en ese momento tenían sus pies hinchados, lo único que querían era finalizar su viaje. Entonces, llamaron al último contacto que tenían para que les entregara sus pasajes en avión, pero este les informó que había tenido problemas, por lo que tendrían que irse en bus: “el señor nos dice que eso era lo que había, que sí lo tomábamos bien, y si no, que nosotros viéramos cómo llegábamos a Santiago”.

 

 

Con los años la situación en Colombia comenzó a cambiar negativamente: “todo estaba más caro, el sueldo no alcanzaba para nada, todo se iba en arriendo y comida”, menciona.

Tras esta situación, Ricardo tuvo que replantearse nuevamente lo que quería para su vida. Se había ido de su país de origen buscando oportunidades, las cuales comenzaron a desaparecer, por lo que decidió armarse de valor y buscar otro destino para vivir.

En este contexto, Ricardo escogió a Chile como su próximo destino. Lo eligió por dos motivos; en primer lugar, por las oportunidades que le podría brindar, el segundo y más relevante, que su hermano menor ya estaba residiendo en este país: “él me había dicho que si la situación se ponía cruda, le escribiera”, agrega.

Si bien tenía la ilusión de poder viajar, no tenía los recursos para poder costear un pasaporte ni boletos de avión. Además, también sentía miedo de cruzar solo el continente.

Cabe destacar que Ricardo vivía con un amigo en Bogotá desde inicios de la pandemia, quien también provenía de Venezuela. Ambos entablaron una gran amistad, prácticamente convirtiéndose en familia.

Tras la oferta de su hermano, Ricardo se lo mencionó a su amigo, quien también tenía la ilusión de poder entregarles mayores oportunidades a su familia. De esta manera, decidieron comenzar a juntar dinero para así poder emprender el viaje a través de todo Sudamérica, teniendo como destino final Chile.

Durante dos meses, vendieron todas sus pertenencias, logrando juntar dinero para comprar pasajes y comida para emprender el viaje y dejar atrás Bogotá. Como ninguno había vivido experiencias similares, durante todo ese tiempo sentían incertidumbre por no saber la forma de cruzar el territorio, por lo que les preguntaron a otros extranjeros cómo podían realizar el viaje, quienes comenzaron a entregarles información y datos para ingresar de manera irregular a Chile.

Estos les contaron que el viaje sería duro, que los policías enviaban constantemente de vuelta a los que intentaban pasar la frontera, destacando que lo más complicado sería cruzar por Perú y Bolivia. A pesar de estas advertencias, ambos amigos decidieron seguir su sueño y comenzaron su travesía.

Ricardo, junto con su amigo, contactaron a un hombre que realizaba viajes de Colombia hasta Chile. El sujeto les cobró 1.500 dólares por trasladarlos a ambos y a la familia del amigo, que consta de su esposa e hija de tres años. Al realizar este pago, les entregó dinero en un sobre junto con tres papeles, cuyo contenido desconocían. También, les indicó que en cada frontera que se detuvieran, los estarían esperando personas diferentes, quienes los recibirían, sacarían parte del efectivo, uno de los papeles y los ayudarían a cruzar las fronteras. Finalmente, les entregó un número telefónico para llamar al momento de llegar a su primer destino, Ecuador.

Estas personas, según la politóloga y cofundadora de la Fundación Mujeres Migrantes, Yinibia Castillo, son los denominados “coyotes”, quienes se hacen llamar agencias de viajes para los ciudadanos migrantes, trasladándolos a diferentes países por pasos irregulares y peligrosos, haciendo cobros de importantes sumas de dinero.

Ricardo junto a su amigo siguieron estas indicaciones. Llenos de incertidumbre y miedo, iniciaron su viaje. Al llegar a Ecuador, tras varias horas desplazándose, localizaron en el terminal al primer sujeto desconocido, el cual los llevó a una casa donde pudieron ducharse, almorzar y descansar algunas horas. Luego, los transportó hacia otro terminal, donde tomaron un bus que los llevó a Quito, la capital de Ecuador. En este lugar, se encontraron con otro de los transportistas, quien les dio el contacto de una persona que los ayudaría a cruzar la frontera de Perú, a través de un paso no habilitado.

Ricardo, en ese momento, recuerda que en cada frontera les daban un número nuevo: “me fijé que el número que nos habían dado anteriormente lo dañaban”.

No hubo mayores complicaciones durante el traspaso de la frontera, sin embargo, cuando realizaron la llamada a uno de los chicos que los tenía que recibir al otro lado, se dieron cuenta de que no había asistido al lugar del encuentro y habían enviado a otra persona en su lugar. Esto les causó una de las peores experiencias de su viaje, ya que está persona no sabía la ruta por la cual tenía que irse para evitar los controles policiales y a un kilómetro de haber entrado a Perú, se toparon con un retén policial.

Los policías los detuvieron junto con otros autos, en ese momento el conductor aceleró para poder escapar, ya que sabía que si les hacían el control, tendrían problemas con la ley: “cuando miramos hacia atrás nos dimos cuenta que nadie nos estaba siguiendo, pero cinco minutos después, vemos que viene la policía atrás de nosotros y nos paran”.

Ricardo rememora las ocho horas que estuvieron en la estación de policía: “no nos dijeron nada, solo hablaron con el chofer. Nosotros estábamos en un patio atrás, e incluso algunos policías que salían hablaban con nosotros, nos ofrecieron comida, se portaron bien, nunca nos faltaron el respeto. Todo el tema legal lo trataron directamente con el chofer”.

Tras el interrogatorio, el transportista les informó que los policías les estaban pidiendo alrededor 150 soles; dinero que descuadraba completamente sus ingresos de viaje. Ricardo junto con sus compañeros le explicaron a los policías que no podían entregarle tal suma, que no tenían las condiciones económicas, pero no hubo empatía con su situación, por lo que no les quedó otra opción más que entregarles la cantidad de dinero que les estaban pidiendo: “en cuanto se las dimos nos soltaron de una”, cuenta Ricardo.

Tras esta situación hablaron directamente con la persona con la que había cuadrado el viaje, explicándole lo sucedido. Él les devolvió el dinero, ya que había sido su culpa porque no había aparecido la persona que correspondía.

A pesar de todo esto, continuaron con su viaje. Llegaron al terminal de Tumble, pero no encontraron pasajes para Lima, por lo que el transportista los llevó a un hotel en el que logran bañarse y descansar para ser recogidos al día siguiente.

“Después que el señor nos dejó en el hotel, mi amigo y yo salimos a comprar comida y da la casualidad que nos vuelven a parar otros policías (…) les explicamos la situación que habíamos pasado, porque nos iban a llevar para otra estación, entonces le montamos la llorona, de que ya nos habían detenido, que ya les habíamos entregado plata, y uno de los policías nos dijo ¿quién les pidió plata a ustedes? Nosotros les dijimos no, no les dimos plata, les colaboramos para que no hubieran malentendidos”, cuenta Ricardo.

Después de estar alrededor de media hora conversando con ellos, los policías les entregaron sus documentos, y los dejaron ir: “nos dijeron que no nos querían ver más por allí. Entonces regresamos al hotel y no salimos más hasta el otro día”, agrega Ricardo.

Al día siguiente, se levantaron temprano y compraron los pasajes para ir a Lima. El transportista al dejarlos en el terminal les recomendó que se fueran por Bolivia, ya que en la frontera con Arica estaban deteniendo y devolviendo a los que trataban de cruzar el desierto.

Siguiendo estas indicaciones, Ricardo y sus amistades llegaron a un refugio -que a su parecer no era legal- donde se encontraban muchos migrantes más. Varios de estos estaban siendo trasladados de la misma manera que ellos.

“Ellos tenían una microempresa, porque prácticamente tenían muchas personas que recibían gente, también los trasladaban a las fronteras. Yo los escuchaba hablar, decían que tenían que buscar a tal persona, llevarlos a tal lugar, que a las seis de la tarde iban a cruzar a otras personas”, menciona Ortega.

Tras varios días de viaje por Bolivia, donde se trasladaron en motocicletas e incluso en un bote a través de un río, finalmente llegaron a la frontera con Chile en la que se encontraban militares, además de muchos camiones y vehículos.

Junto con una veintena de migrantes estuvieron alrededor de dos horas en Colchane. El grupo debía avanzar a lo largo de un río para que pudieran entregarse en las oficinas de migración, los transportistas les mencionaron que por ningún motivo dejarán que los devolvieran. Si era necesario, debían inventar excusas para que los militares los llevaran a un refugio, indicaciones que siguieron al pie de la letra.

Los medios generalizan a las comunidades migrantes, haciéndoles percibir y sentir a la ciudadanía que todos son iguales, dependiendo de donde provengan.

Una vez en el refugio, funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI) llevaron a las mujeres y a los niños a una habitación, mientras que Ricardo, su amigo y el resto de los hombres extranjeros tuvieron que quedarse en la calle, donde las bajas temperaturas del desierto les demostraban que se encontraban en pleno invierno. Esa noche durmieron en la acera con algunas mantas que consiguieron de un camión.

Al amanecer, la PDI los hizo pasar a las oficinas de migración. Los funcionarios les sacaron fotografías a todos los extranjeros, preguntándoles de dónde y qué venían a hacer a Chile. Tras las tramitaciones, fueron llevados a un refugio en Iquique en el cual se encontraban muchas familias extranjeras.

“Cuando llegamos al refugio como tal, ahí sí que era como una cárcel porque estaba todo cerrado y había unos cubículos. Eran tres familias por cubículo; era como un container” menciona Ortega. Estuvieron tres días en ese lugar, mientras les hacían las pruebas respectivas por Covid 19. Tras entregarles un certificado de salud, la policía les dio a todos los extranjeros unos documentos que les permitiría movilizarse por seis meses en Chile, mientras arreglaban su situación migratoria.

De esta manera, Ricardo, junto con su amigo, la esposa y la niña de tres años, lograron ingresar a Chile. Ortega recuerda que en ese momento tenían sus pies hinchados, lo único que querían era finalizar su viaje. Entonces, llamaron al último contacto que tenían para que les entregara sus pasajes en avión, pero este les informó que había tenido problemas, por lo que tendrían que irse en bus: “el señor nos dice que eso era lo que había, que sí lo tomábamos bien, y si no, que nosotros viéramos cómo llegábamos a Santiago”.

Como no les quedaba otra opción, ni tampoco dinero para poder comprar boletos de avión, decidieron aceptar el pasaje en bus hacia la capital. Llegando a Santiago, se contactaron con una prima que los acogió durante unos días, quien luego los ayudaría en su traslado hacia Quilpué.

De esta forma Ricardo junto con su amigo finalizaron su viaje, comenzando a rehacer su nueva vida en un país completamente diferente, sin recursos económicos, sin trabajo, ni sus documentos, pero con todas las ganas de perseguir sus sueños y buscar las oportunidades que los habían motivado a irse y a resistir toda la travesía.

Esta historia es un claro ejemplo del sacrificio y esfuerzo que tienen que realizar la mayoría de los migrantes de bajos ingresos económicos para ingresar al país. Si bien existe la posibilidad de entrar regularmente, algunos extranjeros no tienen esas facilidades, ya que no cuentan con recursos, una red de apoyo o no se atreven, porque como se expuso anteriormente, salir del país de origen también implica adaptarse a una nueva cultura y ambiente.

Además, a esto hay que sumarle que existe un sistema de gestión tardío para la regularización migratoria. También, los estigmas y prejuicios a los que se enfrentan, junto con las cargas emocionales y psicológicas que conlleva pasar por todo este proceso.

Historias como la de Ricardo no se visibilizan en los medios de comunicación, ya que como se mencionó anteriormente, estás no generan rating. Esto produce que  los ciudadanos extranjeros pierdan sus narrativas identitarias, porque no se cuentan sus historias individuales. Por el contrario, los medios generalizan a las comunidades migrantes, haciéndoles percibir y sentir a la ciudadanía que todos son iguales, dependiendo de donde provengan.

Esto lo ha sentido Stefanny Segura, ciudadana colombiana quien se encuentra residiendo en Chile, enfatizando que “por unos pagan todos (…) a los migrantes los catalogan así”.

Respecto a este punto, la periodista de ACNUR, Stephanie Rabi, enfatiza que debido a estas acciones, a la agencia se le hace mucho más difícil incluir a los ciudadanos extranjeros en los países de acogida: “todos estos esfuerzos por generar integración, que duran muchos años (…) Son muchos más difíciles, porque finalmente hay una serie de estereotipos y prejuicios que van permeando la sociedad”.

Estos estereotipos y prejuicios los ha sentido Yiniba Castillo: “cuando llegué acá, decía que era una estudiante internacional, que es una categoría, pero realmente tuve que analizar mi propio comportamiento para darme cuenta de que en verdad no es así, que vine con todas las intenciones de quedarme”.

Confiesa que le resultaba conveniente esa historia porque se evitaba malas miradas y preguntas incómodas. Pero al analizar profundamente su situación se dio cuenta que “el aceptarse como migrante tiene que ver con la identidad. Aceptarse como migrante es un proceso”, reflexiona.

Tras esto, la periodista Stephanie Rabi, hace un llamado desde ACNUR a los medios de comunicación y a las personas a “no generalizar y a no estigmatizar. No asociarla con temas que son lamentables, que son hechos puntuales, que no representan a una nacionalidad”.

Por su parte, Nicolás Torrealba cree que “los chilenos no consideran la migración como un derecho humano”. Esto es sumamente relevante, ya que si el jefe de gabinete del SERMIG piensa esto, entonces habría que preguntarse con qué tipo de valores se está desarrollando la sociedad chilena. Es por esto que surge la siguiente duda: ¿El Estado junto con los medios de comunicación, consideran la migración como un derecho humano?

Ambos han accionado de forma negativa con los ciudadanos extranjeros, generalizándolos, estigmatizados, e incluso utilizándolos como personas de sacrificio.

Yinibia Castillo, quien ha sido un aporte para la comunidad migrante en Chile, y quien también es una ciudadana extranjera residiendo en el país, cree que las palabras son influyentes e importantes para su comunidad: “yo siempre digo migrante y no, inmigrante, porque también es una categoría que es dolorosa para mí. Inmigrante es como quien llega y se mete ¿No? El migrante finalmente está como en una situación mucho más ambigua”.

Es por esto, que hay que analizar siempre cómo los medios de comunicación y las autoridades actúan, qué dicen, de qué forma y por qué, ya que todo esto influye en las percepciones, sensaciones y acciones de la ciudadanía.

 

 

Estos estereotipos y prejuicios los ha sentido Yiniba Castillo: “cuando llegué acá, decía que era una estudiante internacional, que es una categoría, pero realmente tuve que analizar mi propio comportamiento para darme cuenta de que en verdad no es así, que vine con todas las intenciones de quedarme”.

Confiesa que le resultaba conveniente esa historia porque se evitaba malas miradas y preguntas incómodas. Pero al analizar profundamente su situación se dio cuenta que “el aceptarse como migrante tiene que ver con la identidad. Aceptarse como migrante es un proceso”, reflexiona.

 

Conclusión

 

Exacerbar los temas de seguridad y hacer el nexo con el aumento migratorio como parte del tratamiento noticioso crea una sensación errónea de lo que realmente sucede con los extranjeros: gran parte de estos vienen en busca de mejores oportunidades y una mejor calidad de vida. Sin embargo, no todos los chilenos lo consideran así debido a las nuevas formas de delinquir y al contagio criminógeno.

Chile es un país al cual le cuesta adecuarse a los cambios, a las diferentes personas y culturas. Esto lo expresa la presidenta del Colegio de Periodistas, Rocío Alorda: “para una comunidad como la chilena, que tempranamente hizo desaparecer sus pueblos originarios, el hecho de encontrarse con otras personas y costumbres es algo extraño y difícil de entender y de adaptarse”.

Tras la investigación, se comprende que hay una perspectiva de relación entre delincuencia y migración, ya que efectivamente existe un porcentaje de ciudadanos extranjeros que delinquen en el país, pero es menor de acuerdo a las cifras oficiales y análisis de expertos y expertas. No todos los migrantes vienen con estos objetivos.

Según el informe de gendarmería, enfatizado por 24 Horas, que se mencionó anteriormente, hasta el mes de mayo del 2023 existen alrededor de 49.500 reos en el país, de los cuales aproximadamente el 12% son extranjeros, es decir 5.940 personas. Estos datos son desconocidos para la ciudadanía, lo que aporta a la percepción errónea sobre la recepción de extranjeros, generadas por los medios de comunicación a través de las noticias mostradas sobre delincuencia y migración.

Por otro lado, el hecho de que existan nuevas políticas públicas que ayuden a ordenar la migración, logra beneficiar a muchos de los extranjeros en el país. Los procesos de empadronamiento, los puestos de tomas de datos a lo largo de Chile, entre otras medidas, son elementos que aportan a las políticas de gobiernos anteriores. Sin embargo, los entendidos enfatizan que estas medidas eran insuficientes.

Así lo describe David Arboleda de la Red de Periodistas Migrantes mencionando que “faltan políticas de migración con un enfoque de derechos que reconozca a la migración como derecho humano y que no la criminalice”.

Además, los migrantes en Chile están siendo considerados como “personas de sacrificio”, donde periodistas, figuras políticas y la ciudadanía los culpan por los sucesos negativos que ocurren en el país, como lo es el aumento de la delincuencia o la escasez laboral.

Este es un hecho discriminatorio, ya que, tal como se dio el ejemplo del deportista Santiago Ford, los extranjeros también aportan al correcto funcionamiento, al crecimiento económico y cultural de un país.

Por otro lado, a través de los expertos e investigaciones realizadas, se demostró que los medios de comunicación son influyentes en las percepciones, sensaciones e incluso las decisiones que toman los ciudadanos. Esto lo logran al decidir qué temas mostrar, además de cómo y cuándo se abordarán en la agenda pública.

La subeditora de prensa de cooperativa, Verónica Franco, explica esto: “hay una teoría de Berger y Luckmann que habla de que uno puede construir socialmente la realidad, y que esta se construye a partir de lo que uno cuenta y de cómo lo cuenta. Para eso podemos escuchar a los medios de comunicación”.

Por su parte, Cristian Steffens, editor general de 24 Horas en TVN, también corrobora está información, señalando que “es un rol que siempre han tenido y van a tener los medios, que colaboran en la generación de la percepción de ciertas cosas (…) Estos ponen en común ciertos preceptos que son fundamentales para que nos entendamos como habitantes de un país o como miembros de una sociedad”.

Es importante que los periodistas, incluyendo a los que se encuentran en formación, tengan una mirada ética respecto a los hechos de cualquier noticia, sobre todo los que pueden influir en la vulneración de los derechos humanos. Así lo enfatiza Verónica Franco, mencionando que eso incluye “la necesidad de manejar elementos de respeto a los derechos humanos de los migrantes y de todos”.

Esta mirada, la apoya la periodista de ACNUR, Stephanie Rabi: “no estoy diciendo que no se cubran estos hechos, sino que en el fondo se puedan cubrir de una manera más integral, una noticia distinta al resto, pensando en que efectivamente puede vulnerar los derechos de una comunidad”.

Sobre este punto, Steffens cree que lo importante es que las personas que trabajan en los medios de comunicación, como los editores y periodistas, entiendan la responsabilidad que tienen, considerando que su trabajo tiene un efecto sobre la sociedad.

Por otro lado, dentro de esta temática de las informaciones que se muestran, las redes sociales juegan un papel fundamental. Estas, donde incluso los medios de comunicación se encuentran presentes, logran ser mucho más atractivas y creíbles a la hora de que la ciudadanía se informe. Sin embargo, generan más desinformación que los medios tradicionales y logran el mismo efecto de moldear percepciones e influir en las decisiones de las audiencias.

Con respecto a las personas más afectadas en los procesos migratorios, uno de los grupos más vulnerables dentro de los migrantes son las mujeres. Como se mencionó anteriormente, parte importante de lo que muestran los medios de comunicación les afecta tanto en discriminación como en cuanto a sexualización. Dentro de esta materia, los medios deben tomar atención en los contenidos que emiten para que, de esta manera, no se incite a la discriminación y a la generación de prejuicios, menos a la violencia.

Los medios, además, deberían enfatizar que la migración es un aspecto positivo en una sociedad. Esto lo enfatiza Cristian Steffens de 24 Horas, indicando que “el desafío está en lograr visibilizar también el aporte que esta migración puede hacer en el país, y no invisibilizar eso, en pos de quedarse con solo una arista del fenómeno. Creo que es parte de este periodo de ajuste”.

El periodista enfatiza que las noticias que se entregan pueden contrastarse de mejor manera, siendo importante que los medios garanticen la pluralidad: “para la democracia siempre será importante que existan más medios”.

Además, en esta investigación se establece que parte de los duros momentos que enfrentan los migrantes se deben a las percepciones y actitudes que tienen los ciudadanos de Chile sobre ellos. Debido a los prejuicios y a las concepciones erróneas que entregan los medios de comunicación junto con las autoridades, se discrimina al que viene de afuera y se le estigmatiza, sin siquiera tener en cuenta las intenciones que tienen estos al llegar a un nuevo país, ni las adversidades que tuvieron que vivir a la hora de asentarse en estos.

Tal como lo demuestra la historia de Ricardo Ortega, los extranjeros van a otros países con la determinación de tener un mejor vivir. El llamado es a la no discriminación, a evitar los estigmas y al impulso de la inclusión.

Es importante tener en cuenta cómo poder promover la inclusión de los migrantes en los países en los que decidieron asentarse. Dentro de esto, la Oficina Regional de ONU Migración para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, propuso recomendaciones para lograr este objetivo a través de distintas actividades sociales y culturales. Esto sería beneficioso, ya que instancias de este tipo ayudan a mejorar la confianza y, así, cambiar la percepción discriminatoria hacia los extranjeros.

La organización indica que en estas actividades debería generarse un ambiente acogedor para lograr que ambos grupos se conozcan y logren generar vínculos sociales. También menciona que en estas se debería comprender, reconocer y apreciar las distintas culturas. De esta manera, los puntos en común de ambos grupos se fortalecerían.

El hecho de que las comunidades locales y migrantes participen en todas las fases de estas actividades lograría aportar beneficios como: empoderar y elevar autoestima; generar diálogos e instancias que logren crear ambientes de confianza e inclusividad, gestionando oportunidades de compromiso y responsabilidad con la comunidad, entre otros.

En el artículo se enfatiza que todo esto es importante para poder construir sociedades mucho más justas y pacíficas. Estas oportunidades son necesarias, ya que con la interacción de las comunidades migrantes junto con los ciudadanos de los países receptores, se genera un ambiente de cooperación y empatía, llevando a erradicar la discriminación y los pensamientos xenófobos.

Yinibia Castillo cree que las personas, los medios de comunicación y las autoridades, tienen que cambiar su mirada sobre la migración: “es lo mismo que con el feminismo, para poder ver las desigualdades de género, hay que ponerse los lentes violetas. Bueno, hay que ponerse los lentes multicolor que es la invitación de la interculturalidad para poder ver las desigualdades que hay entre las distintas culturas, y entonces desde ahí poder ayudar a cambiarlo”.

Cabe recordar y destacar que migrar está reconocido por el artículo N° 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos desde el año 1948, el cual estipula el derecho a la libertad de movimiento. El artículo se centra en dos puntos: la libre circulación y residencia independiente del territorio en que se encuentre, y el derecho a poder salir y regresar a cualquier país.

En base a lo anterior, los chilenos durante estos últimos años han exigido seguridad respecto a la migración y el gobierno comenzó a tomar medidas. Sin embargo, todavía falta mucho para que ambas partes incluyan una mirada con enfoque de este derecho, ya que, según la información mostrada en el reportaje “¿Es un factor real la inmigración en el aumento de delitos en Chile?” publicado en el año 2022 del Diario Constitucional, solo el 8% de los chilenos estaría a favor de que los inmigrantes ingresen al país, independiente de sus motivos, o de si es un derecho humano.

“Debería existir la igualdad de que respeten nuestros derechos, ya que si vinimos es para tener una mejor vida y poder hacerle un aporte al país”, reflexiona finalmente Stefanny Segura.

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