¿Alguien se habría imaginado que el 2026 comenzaría cómo empezó?
De alguna manera aprendimos a navegar por aguas turbulentas en los últimos años y mantenernos a flote, cuando de pronto regresa el ícono de la ordinariez, del clasismo, del racismo, de la prepotencia y de la ignorancia: Donald Trump.
Y todo volvió a removerse y, con ello, estamos a un paso de dejar atrás el mundo que conocemos.
Por Ignacio Paz Palma. Periodista.
El tipo apoya con desparpajo el genocidio que comete Israel contra Palestina – que aún continúa, muy lejos de la mirada mediática – bombardea Nigeria y una semana después, Estados Unidos viola la soberanía de Venezuela. Deja claro que nuevamente somos su patio trasero.
El tema acá es el mensaje claro y directo que nos envía: Si no se alinean con nosotros, entonces, los vamos a bombardear. Y eso va para todos los países de la región.
Pero, además, marca un territorio. Esto es nuestro y nadie más entrará acá. Que lo escuche Rusia y China.
La intromisión en Venezuela no es por un afán de recuperar la democracia o porque Trump esté preocupado por los DD.HH. Es más, muestra desprecio por el pueblo venezolano, lo expresó en una ceremonia hace unos días tildándolos de ser un desastre y gente fea ¿de dónde los sacan? Se burló.
Ahora bien, esta situación tiene muchas aristas y consecuencias. Son piezas de dominó que caerán en fila por todo el continente. Pero acotemos a lo nuestro ¿Cómo afecta en América Latina y Chile particularmente?
La intervención en Venezuela es un claro intento por recuperar el control de los recursos naturales, en particular el petróleo, a través del cual mueve el piso a sus enemigos históricos. Pero, además, esta acción tendría efectos negativos en países como Cuba, Nicaragua, México, Colombia y Brasil, por lo tanto, inevitablemente, en todo el vecindario, incluso en naciones con gobiernos que le rinden pleitesía como Javier Milei y próximamente José Kast.
Estados Unidos quiere recuperar el terreno que perdió a manos de China. El gigante de Asia se convirtió en el principal socio comercial de muchos de los países del cono sur americano. Con Chile, específicamente, desde el año 2006 cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC). Eso significó que EE.UU fuera desplazado de manera progresiva en el comercio chileno. Para el 2022, China alcanzó cerca del 40% de las exportaciones chilenas. Siendo el sector minero el principal foco.
La intromisión en Venezuela no es por un afán de recuperar la democracia o porque Trump esté preocupado por los DD.HH. Es más, muestra desprecio por el pueblo venezolano, lo expresó en una ceremonia hace unos días tildándolos de ser un desastre y gente fea ¿de dónde los sacan? Se burló.
Esa presencia China, también se da en otros países de la región dejando a Estados Unidos debilitado como el dominante de la zona y es precisamente lo que Trump quiere recuperar, porque ideológicamente se ve amenazado. Es por eso que intervino en las elecciones de Argentina y es por eso que celebró la llegada de la ultra derecha a Chile y es por eso que aplaude a Rodrigo Paz, en Bolivia. Como muy bien dice la columnista Andrea Sato, en el portal de Cooperativa.cl, son maneras sutiles de dominación que por ahora no requieren bombas ni la bota militar sobre nuestras cabezas.
Es importante conocer las distintas aristas de este escenario, las que intentaré abordar paulatinamente en este espacio. Hoy es bueno escuchar la diversidad de análisis, que en este minuto tiene un punto de encuentro: Coinciden en lo complejo que significa que las reglas del Derecho Internacional fueran pasadas a llevar con alevosía por Estados Unidos, simplemente porque tiene el poder.
Es peligroso aplaudir eso, pues si se avala una vez, entonces las reglas de la frágil democracia que hoy existe a nivel planetario van a desaparecer y eso tendrá graves consecuencias para todos, sin excepción. Será la puerta abierta para que mañana todo se solucione a través de la fuerza militar, en tanto, que el poder del diálogo y la diplomacia desaparezca bajo la pólvora. Estamos a un paso del no retorno.

