A partir de la conmemoración del día mundial de la libertad de prensa, los periodistas reflexionamos respecto al oficio y el ejercicio de la libertad de expresión en el planeta.
Reporteros sin Fronteras publicó un estudio y el resultado es alarmante: “más de la mitad de los países está en una situación difícil o grave”. Esto se da por primera vez en 25 años y las explicaciones apuntan a leyes cada vez más restrictivas junto a políticas que argumentan seguridad nacional, lo que socava el derecho a la información y debilita, a la vez, a las democracias.
Según Reporteros sin Fronteras, estos marcos legales criminalizan la actividad periodística y atentan directamente a una máxima básica de la profesión: la fiscalización del poder.
¿Y sabe usted dónde se aprecia el mayor cambio en libertad de prensa? En nuestra región. Desde Estados Unidos hasta Argentina, pasando por Filipinas, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Ecuador, Venezuela, Cuba y Perú hay un desplome que se entiende, además de los marcos legislativos, por la violencia social, política, la represión policial y el crimen.
De acuerdo al último informe de Reporteros sin Fronteras, por primera vez en 25 años de este estudio “más de la mitad de los países del mundo se encuentra en una situación difícil o grave”.
Si consideramos que al año 2024, según Economist Intelligent Unit, solo 25 países tienen democracias plenas, o sea apenas un 6,6% de la población mundial, podemos establecer una total coherencia entre los regímenes políticos que se han instalado y el retroceso en materia de libertad de prensa.
Entonces, encendamos las alarmas. Porque el derecho a la información, la libertad de prensa y de expresión no es un patrimonio exclusivo de los periodistas. Es un derecho de la comunidad y todos debemos velar para preservar su buena salud.
Chile bajó un puesto en el ranking, hoy aparecemos 70. La variación es mínima, pero es un retroceso. Alerta nuevamente.
Así como el periodismo está llamado a contar historias, investigar e informar con rigor para ayudar a garantizar las democracias, la comunidad, por su parte, debe exigir que ese trabajo se cumpla bajo los más altos estándares éticos y profesionales.
¿Por qué es tan importante? Por la sencilla razón que, en 2002, el 20% de la población mundial vivía bajo una condición donde la libertad de prensa era buena. Hoy, menos del 1% goza de esa situación. Entonces entendamos que no da lo mismo dónde y cómo se consume información. Hoy estamos saturados de datos y por lo mismo la única manera de no caer en esta trampa de información falsa es a través de un periodismo serio y responsable.
No es casualidad que la comunicación deficiente emerja desde los Estados y las propias autoridades con discursos simplones, vacíos y carente de argumentos. Justo ahí el oficio periodístico debe poner la barrera a la desinformación y la manipulación del mensaje, de manera tal de garantizar que la comunidad cuente con los elementos necesarios para exigir derechos y construir sociedades sanas y democráticas.

